Necesitamos fe

El poder de la fe cuando nace y crece como Dios quiere.

Lectura

+ Santo Evangelio según San Lucas 17,5-10.

En aquel tiempo, los Apóstoles dijeron al Señor:

-Auméntanos la fe.

El Señor contestó:

-Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: «Arráncate de raíz y plántate en el mar», y os obedecería.

Suponed que un criado vuestro trabaja como labrador o como pastor, cuando vuelve del campo, ¿quién de vosotros le dice: «En seguida, ven y ponte a la mesa?»

¿No le diréis: «Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo; y después comerás y beberás tú?» ¿Tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado? Lo mismo vosotros: Cuando hayáis hecho todo lo mandado, decid: «Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer.»

Palabra del Señor

Estudio

En los evangelios sinópticos, Jesús no hizo grandes y majestuosos discursos, sino que recurrió al uso de las “parábolas” con la finalidad de explicarnos el Reino de Dios y explicar así de una manera comprensible el actuar del amor de Dios. Dos enseñanzas:

  1. Pedir lo que no se tiene.

Es fácil imaginar la cara de decepción que tendrían los discípulos al escuchar de Jesús que si tuvieran fe como un grano de mostaza plantarían en el mar. Jesús es directo, se puede aumentar lo que existe, lo que no existe tiene que nacer primero para luego ir creciendo. Los discípulos no pedían un milagro, sino el don que produce las maravillas de Dios. También nos pasa a nosotros, experimentamos flaquear en la fe. Para muchos ante la prueba o dificultad no se es tan fuerte como se quisiera. Pero tenemos a un salvador que sabe comprendernos y tiene el tiene el poder de escudriñar los corazones y saber con profundidad que se tiene y de que se carece. La fe recibida como un don necesita de nuestra parte ser cuidada en el día a día y alimentarla para que vaya germinando poco a poco. No hay que desanimarse si no se tiene fe, Dios nos ayuda para que podamos tenerla y crezca. El Nuevo Testamento nos da razón de esto: Jesús tuvo compasión del desesperado padre del muchacho endemoniado, que exclamó: “Creo, Señor ayuda mi incredulidad,” y curó a su hijo enfermo (Mc. 9, 24); Tuvo compasión del apóstol Pedro, el cual la tormenta lo asusto tanto que se empezó a hundir (Mt 14, 31); Tuvo paciencia con Tomás hasta que tuviera la experiencia de creer (Jn 20, 29).

  1. Ser humildes para que crezca la fe

Jesús sigue hablándoles con ternura para que comprendan sus discípulos y también cada uno de nosotros. En esta parábola del esclavo, que hace lo que tiene que hacer sin ningún derecho a reclamar agradecimientos, está la sabia respuesta de Jesús. La raíz del aumento de fe, que es pura gratuidad por parte de Dios, hay que buscarla en la humildad humana. Los discípulos en relación a Cristo son siervos, y si realizan obras importantes es precisamente porque él les da la posibilidad de hacerlo; no tiene, por lo tanto, que mostrar su reconocimiento en nada; si algo hacen lo hacen por don de Dios. El Evangelio nos recuerda a un Dios liberador que nos llama a la grandeza de la vida eterna; nos enseñan mansedumbre y la constancia en el bien, mientras exteriormente padece estrechez y sufrimientos, en el corazón recibe consuelo. La fe ayuda al ser humano a sobrellevar los sufrimientos, y por otro lado los sufrimientos mismos ayudan en el fortalecimiento de la fe en Dios.

Meditación.

La pequeñez y la nada de un grano de mostaza. Esta manera de Dios intervenir se ha visto sobre todo en la misma vida de Jesús. Se encarnó en un pueblo pequeño, escogió a una mujer humilde Nazaret, nació en un pueblo insignificante, se valió de personas sin gran cultura ni prestigio, inclusive gente de mala vida, avaros recaudadores de impuestos y toscos pescadores para ser los mensajeros del Reino. La misma vida de Jesús es como esa semilla de mostaza que va caer a tierra, será muerto y sepultado, pero al igual que la semilla germina, Jesucristo resucita, y su reino comienza a crecer y a crecer, porque tiene el poder de Dios, capaz de crecer y de cobijar a la gente, capaz de dar sombra, capaz de sosiego, capaz de dar fruto, y con su fruto capaz de alimentar a los que ahí se cobijaron, a los que ahí habitan. Así pues, el reinado de Dios es silencioso, pero poderoso en el amor. La fe es un don que Dios nos da, y es una tarea que Dios nos encomienda. Como tarea la hemos de realizar día tras día, en las circunstancias concretas, que a veces pueden ser arduas y difíciles.

Oración

Padre Santo, tú que escoges lo pequeño para hacer crecer tu Reino de amor y de justicia, hoy nos dirigimos a ti para ofrecerte nuestra pequeñez y pedirte que nos ayudes a tener fe. Queremos que tu Reino germine y crezca en nosotros, nos transforme y nos levante, porque queremos ser parte de los que anuncias tu presencia en medio del mundo.

Contemplación.

“No te vanaglories si serviste bien a Dios: no has hecho más que lo que debías. Le sirve el sol; le obedece la luna, le sirven los ángeles: no nos alabemos de que le sirvamos nosotros”. San Ambrosio

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