Iglesia Católica

El primado de Pedro y sus sucesores

No es un secreto que el Papa Francisco cada día nos sorprende grandemente con sus gestos de misericordia, especialmente con los enfermos y pequeños, su atención sencilla a la gente y, sobre todo, sus palabras cargadas de significado a la hora de tener que recordar el Evangelio con la inmediatez que exige el mundo de hoy.

El Papa visitara a Colombia y debemos conocer la importancia que tiene el Papa para la Iglesia y como bendice a un país con su presencia.

Textos bíblicos contundentes sobre Pedro

  1. No fue como los demás apóstoles.

Cristo distinguió desde un principio al apóstol San Pedro entre todos los demás apóstoles. La autoridad y posición única conferida a San Pedro por Jesucristo también se prueba claramente por la singularidad y la prominencia que se le da a San Pedro en los Evangelios y en los Hechos de los Apóstoles.

  1. Pedro es la única personadel Nuevo Testamento que recibe un nuevo nombre de parte de Jesús.

Cuando le encontró por primera vez, le anunció que cambiaría su nombre de Simón por el de Cefas, que significa “roca”: Tú eres Simón, el hijo de Juan (Jonás); tú serás llamado Cefas Jn 1,42; Mc 3,16.

Dios le cambia de nombre a muchas personas con el fin de darles alguna función importante.

Así por ejemplo le cambió de nombre a:

  • Abram por Abraham (Génesis 17, 3-6),
  • a Saraí por Sara (Génesis 17, 16),
  • a Jacob por Israel (Génesis 32, 28)
  • y por supuesto a Simón por Pedro (Cefas en arameo) en Juan 1, 42.
  1. Ocupa el primer lugar en la lista de los doce.
  • Mateo 10, 2: “Los nombres de los doce apóstoles son éstos: el primero, Simón, llamado Pedro, y Andrés, su hermano
  • Marcos 3, 14: “Y designó a doce… a Simón, a quien puso por nombre Pedro; a Santiago el de Zebedeo y a Juan, hermano de Santiago, a quienes dio el nombre de Boanerges, esto es, ‘hijos del trueno’
  • Lucas 6, 14-16: “Simón, a quien puso también el nombre de Pedro, y Andrés, su hermano; Santiago y Juan, Felipe y Bartolomé, Mateo y Tomás, Santiago el de Alfeo y Simón, llamado el Zelotes; Judas de Santiago y Judas Iscariote, que fue el traidor”.
  1. Pedro primero en los acontecimientos importantes de Jesús.
  • Juntamente con Santiago y Juan, pudo ser testigo de la resurrección de la hija de Jairo Mc 5,37,
  • de la transfiguración Mt 17,1
  • y de la agonía del Huerto Mt 26,37.
  • El Señor predica a la multitud desde la barca de Pedro Lc 5,3,
  • paga por sí mismo y por él el tributo del templo Mt 17,27,
  • le exhorta a que, después de su propia conversión, corrobore en la Fe a sus hermanos Lc 22,32;
  • después de la Resurrección se le aparece a él solo antes que a los demás apóstoles Lc 24,34; 1Co 15,5.
  • En el evangelio de San Juan, María Magdalena va donde Pedro y Juan para contarles que no ha encontrado a Jesús en el sepulcro. Los dos apóstoles corren al sepulcro. Juan, más joven, llega primero, pero no entra sino que espera a Pedro, quien entra primero (Jn 20, 1-8).
  • En el capítulo 16 de San Marcos, el Ángel que las mujeres se encuentran en el sepulcro vacío les dice que Jesús ha resucitado y a continuación les ordena que le cuenten a los discípulos pero especialmente a Pedro:  “Pero marchad, decid a sus discípulos y a Pedro que él va delante de vosotros a Galilea; allí lo veréis, como os dijo”. (Mc 16, 5-7).
  1. El nombre de San Pedro es mencionado más de 190 veces en el Nuevo Testamento.

El siguiente más cercano a Pedro entre los 12 apóstoles, que es Juan, sólo se menciona 29 veces.

Solo en los capítulos 1 a 15 de los Hechos, el nombre de Pedro es mencionado 56 veces:

  • Pedro dirige a la Iglesia para decidir quién reemplazará a Judas en Hechos capítulo 1;
  • Pedro habla a favor de la Iglesia en Pentecostés en Hechos capítulo 2;
  • Pedro obra la primera curación milagrosa en la historia de la Iglesia después de la Ascensión en Hechos capítulo 3;
  • Pedro responde a favor de la Iglesia ante el concilio del sumo sacerdote en Hechos capítulo 4;
  • Pedro impone la disciplina a Ananías y Safira en Hechos capítulo 5;
  • En Hechos capítulo 10, al primer converso gentil se le dice que encuentre a Pedro.

6. Todos apóstoles están en problemas pero Jesús rezó por Pedro

“Simón, Simón, mira que Satanás ha pedido poder para zarandearlos como el trigo, pero yo he rogado por ti, para que no te falte la fe. Y tú, después que hayas vuelto, confirma a tus hermanos” Lucas 22, 31-32.

El demonio quería atacar a todos los apóstoles y Jesús pudo haber dicho que rezaba por todos, pero prefirió ser específico y hacer un énfasis en la misión de Pedro: Confirmar en la fe a sus hermanos.

  1. A San Pedro se le prometió el primado después que hubo confesado solemnemente, en Cesarea de Filipo, la mesianidad de Cristo.

El Señor le dice: (Mt 16, 17-19): “Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás, porque no es la carne ni la sangre quien eso te ha revelado. sino mi Padre que está en las cielos. Y yo te digo a ti que tú eres Pedro [= Cefas], y sobre esta roca edificaré yo mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Yo te daré las llaves del reino de los cielos, y cuanto atares en la tierra será atado en los cielos, y cuanto desatares en la tierra será desatado en los cielos”.

Estas palabras se dirigen inmediata y exclusivamente a San Pedro. Ponen ante su vista en tres imágenes la idea del poder supremo en la nueva sociedad que Cristo va a fundar.

  • Pedro dará a esta sociedad la unidad y firmeza inquebrantable que da a una casa el estar asentada sobre roca viva; cf. St 7,24 y siguientes.
  • Pedro ha de ser también el poseedor de las llaves, es decir, el administrador del reino de Dios en la tierra; cf. Is 22,22; Apoc 1,18; 3,7: las llaves son el símbolo del poder y la soberanía.
  • A él le incumbe finalmente atar y desatar, es decir (según la terminología rabínica): lanzar la excomunión o levantarla, o también interpretar la ley en el sentido de que una cosa está permitida (desatada) o no (atada).

De acuerdo con Mt 18,18, Dios confirmará en los cielos todas las obligaciones que imponga o suprima San Pedro en la tierra.

  1. El primado se lo confirma el Señor a Pedro cuando, después de la resurrección,

Le preguntó tres veces si le amaba y le hizo el siguiente encargo: “Apacienta mis corderos, apacienta mis corderos, apacienta mis ovejas” (Jn 21,15-17). Estas palabras, lo mismo que las de Mt 16,18s, se refieren inmediata y exclusivamente a San Pedro.

Los “corderos” y las “ovejas” representan todo el rebaño de Cristo, es decir, toda la Iglesia; cf. Jn 10. “Apacentar”, referido a hombres, significa lo mismo que gobernar (cf. Act 20,28), según la terminología de la antigüedad profana y bíblica. Pedro, por este triple encargo de Cristo, no quedó restaurado en su oficio apostólico (pues no lo había perdido por su negación), sino que recibió el supremo poder gubernativo sobre toda la Iglesia.

  1. Después de la ascensión a los cielos, Pedro ejerció su primado.

Desde el primer momento ocupa en la comunidad primitiva un puesto preeminente:

  • Dispone la elección de Matías (Act 1,15ss);
  • es el primero en anunciar, el día de Pentecostés, el mensaje de Cristo, que es el Mesías muerto en la cruz y resucitado (2,14 ss);
  • da testimonio del mensaje de Cristo delante del sanedrín (4,8 ss);
  • recibe en la Iglesia al primer gentil: el centurión Cornelio (10,1 ss);
  • es el primero en hablar en el concilio de los apóstoles (15,17 ss);
  • San Pablo marcha a Jerusalén “para conocer a Cefas” (Gal 1,18).
  • es detenido y liberado por Herodes como jefe del grupo que comienza a difundirse: (Hech. 12, 1.23)
  1. Los primeros discípulos no tuvieron duda adecua de su preeminencia.

La idea de las llaves de los cielos empalmaba ya con el poder venido del cielo y algunas alusiones de los profetas: Is. 22. 22; Apoc 1, 18 y 3, 7. Los que posteriormente han pretendido minimizar el sentido del texto bíblico chocan con la unanimidad de la tradición y con la claridad de la decisión de Jesús.
También ha sido tradicional enlazar esa voluntad de Cristo con la última de las apariciones en el lago de Genezareth, después de la resurrección, por la triple pregunta sobre su amor y la triple alusión al deber de apacentar corderos y ovejas. (Jn. 21. 15-17).

¿Al morir Pedro, dejó de existir con él esta misión?

De ningún modo, en Mateo 16 : 19, Jesús promete dar las llaves. ¿Qué llaves? El profeta Isaías nos da la respuesta en Is 22 : 22.  Las llaves indican sucesión cuando se habla del hecho relatado en Isaías. David había muerto siglos antes, sin embargo las llaves que simbolizaban el Poder de Administrar siguieron transmitiéndose por generaciones. Jesús es el heredero del Reino de David (cf. Lc 1 : 32-33) y El transfiere el poder de administrar la Iglesia – Su Reino – a Pedro y a los sucesores de éste.

Las Sagradas Escrituras afirman que nadie puede poner otro fundamento al que ya está puesto, el cual es Jesucristo; el mismo apóstol Pedro proclama que Cristo ha venido a ser piedra angular de la Iglesia. Hech 4, 11.

Para Pedro es la experiencia del resucitado el que le da su centralidad en Cristo y lo vemos palpable en Pedro cuando enfrenta a sus detractores diciéndoles: “No podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído.” Hch 4, 20.

Ahí está la clave: Pedro es uno que ha “visto” y que ha “oído.” ¿Qué ha visto? ¿Qué ha oído?

  • Ha visto al Maestro despojarse de su túnica y lavar los pies a los discípulos.
  • Ha visto al Sumo y Eterno Sacerdote revestirse de su propia sangre para ofrecer el sacrificio en el altar de la Cruz.
  • Ha visto al Cordero Inmaculado, dispuesto a ofrecer hasta la última gota de sangre por el bien del rebaño.
  • Ha visto al crucificado que ha resucitado y le ha visto caminar por la orilla del lago y ha comido con ellos en el bello atardecer de Cafarnaum.
  • Ha oído decir al maestro que nos ama y que aunque en el mundo hay aflicciones no tengamos miedo porque ÉL está hasta el final del mundo,
  • pero también ha oído que quien quiere ser discípulo debe tomar su cruz y seguirlo.

Padres de la Iglesia

Los primeros escritores cristianos son unánimes en reconocer esa autoridad significativa de Pedro. Los testimonios se multiplican.

  • Tertuliano dice de la Iglesia: “Fue edificada sobre él,” (De monog. 5).
  • Clemente de Alejandría reco­noce: “Fue el elegido, el escogido, el primero entre los discípu­los, el único por el cual, además de por sí mismo, pagó tributo el Señor.” (Quis dives salvetur 21. 4).
  • Y S. Cirilo de Jeru­salén declara: “Es el sumo príncipe de los Apóstoles.”. (Cat. 2. 19).Los textos de los escritores son reiterativos en reconocer su autoridad.
  • “Pedro fue el único escogido entre todo el mundo para ser la cabeza de todos los pueblos llamados, de todos los apóstoles y de todos los padres de la Iglesia.” (S. León Magno Serm. 4. 2).

Los tiempos posteriores

Los argumentos de Sto. Tomás de Aquino se hicieron clásicos en la Iglesia durante los siguientes siglos: no hay más que una Iglesia; no puede haber más que una sola cabeza; la unidad de la fe no es posible sin una sola autoridad; Cristo quiso una autoridad, una cabeza y una sola fuente de enseñanza y de clarificación doctrinal; la paz y unidad de los súbditos sólo es posible con un solo rector; la Iglesia militante es imagen de la Iglesia triunfante y en la del cielo sólo hay una cabeza que es Cristo. (Summa c. Gent. IV. 76)

 

Código de Derecho Canonico

El Papa es la más alta autoridad de la Iglesia, como vicario de Cristo. La Iglesia, ya desde los inicios y cada vez con mayor claridad, es consciente de que el ministerio de la unidad, encomendado a Pedro, pertenece a la estructura perenne de la Iglesia de Cristo.

Por tanto, la fe católica sostiene que el primado pontificio no es una institución humana (o de derecho eclesiástico), como sí lo son bastantes formas de organización eclesiástica creadas en distintas épocas (patriarcados, conferencias episcopales, etc.).

En el Código de Derecho Canónico se define así su función:

Canon 331: El Obispo de la Iglesia Romana, en quien permanece la función que el Señor encomendó singularmente a Pedro, primero entre los Apóstoles, y que había de transmitirse a sus sucesores, es cabeza del Colegio de los Obispos, Vicario de Cristo y Pastor de la Iglesia universal en la tierra; el cual, por tanto, tiene, en virtud de su función, potestad ordinaria, que es suprema, plena, inmediata y universal en la Iglesia, y que puede siempre ejercer libremente.

El Papa adquiere su potestad en el momento de su elección; además, puede renunciar:

Canon 332 § 2. Si el Romano Pontífice renunciase a su oficio, se requiere para la validez que la renuncia sea libre y se manifieste formalmente, pero no que sea aceptada por nadie.

Naturaleza de la potestad del Papa

El Papa tiene una verdadera potestad, no una simple autoridad moral. “El Romano Pontífice posee, como supremo pastor y doctor de la Iglesia, la potestad de jurisdicción suprema, plena y universal, ordinaria e inmediata, sobre todos y cada uno de los pastores y fieles”.

Así lo declaró el Concilio Vaticano I en 1870, repitiendo el magisterio anterior, en particular el Concilio de Florencia (s. XV). Esta doctrina fue reiterada por el Concilio Vaticano II en la constitución Lumen gentium (n. 22).

Potestad propia

Por tanto, la suprema autoridad del Papa es propia: no deriva de ninguna otra fuera de la de Cristo, ni la recibe por delegación de nadie.

 Potestad suprema

La potestad del Papa también se define como suprema. No se quiere decir que sea un poder absoluto: El Romano Pontífice está subordinado a la palabra de Dios, a la fe católica, y es garante de la obediencia de la Iglesia y es, en este sentido, servus servorum Dei, siervo de los siervos de Dios. El ejercicio de su autoridad debe responder a la fidelidad a la doctrina recibida por la Iglesia, que es el depósito de la fe.

Potestad inmediata y universal

El primado es una autoridad de naturaleza episcopal, pero inmediata y universal.

Potestad del Papa y potestad del Colegio Episcopal

Juan Pablo II lo explicaba así: “Ambos, el Papa y el cuerpo episcopal, tienen toda la plenitud de la potestad. El Papa posee esta plenitud a título personal, mientras el cuerpo episcopal la posee colegialmente, estando unido bajo la autoridad del Papa” (Catequesis de Juan Pablo II).

De ahí que el Papa escuche la voz de las Iglesias a través de varias instituciones, como el Sínodo de los Obispos o las visitas ad limina. Igualmente, Juan Pablo II convocó en diversas ocasiones a las conferencias episcopales de algunos países para ayudarles a alcanzar una decisión común, ante problemas en los que no conseguían ponerse de acuerdo.

El primado es un gran don de Cristo a su Iglesia en cuanto servicio necesario a la unidad.

Funciones del Papa

La misión del Papa es la confiada a Pedro, según los Evangelios: Jesucristo le dio las “llaves del Reino de los Cielos”, con el poder de “atar y desatar” (cfr. Mt 16, 19), para “confirmar a los hermanos en la fe” (cfr. Lc 22, 32) y “apacentar su rebaño” (cfr. Jn 21, 15-17). O sea, es un servicio a la unidad de la Iglesia en la fe y en la comunión. Se resume en dos aspectos: enseñanza y gobierno.

Al obispo de Roma, corresponde la tarea de enseñar la verdad revelada y mostrarla a los hombres. Es una misión eminentemente positiva, no se limita a condenar los errores doctrinales.

Esta autoridad doctrinal suprema reside a la vez en el colegio episcopal junto con su cabeza, el Papa.

Infalibilidad pontificia

Según el dogma expuesto por el Concilio Vaticano I, el Papa goza de infalibilidad “cuando, cumpliendo su oficio de pastor y doctor de todos los cristianos, define en virtud de su suprema autoridad apostólica que una doctrina sobre la fe o las costumbres debe ser sostenida por la Iglesia universal”.

Cuando el Papa pronuncia una definición infalible, se dice que habla ex cathedra. La misma infalibilidad tienen las doctrinas expuestas con igual tenor por el colegio episcopal junto con el Papa (cfr. Código de Derecho Canónico, canon 749).

Facultades de gobierno del Papa

El gobierno que ejerce el Papa está al servicio de su ministerio de unidad y de supremo pastor en la Iglesia. Entre estas funciones están, por ejemplo, dar el mandato para ordenar obispos, establecer diócesis u otras estructuras pastorales para la atención de los fieles, promulgar leyes para toda la Iglesia, aprobar institutos religiosos etc.

El primado del Papa y la unidad de los cristianos

La primacía del obispo de Roma fue reconocida por todos desde el principio; los primeros testimonios documentales se remontan al siglo I, cuando la Iglesia de Corinto recurrió al Papa san Clemente para que dirimiera sus disputas internas. Las aclamaciones a la carta dogmática enviada por el Papa León I Magno al Concilio de Calcedonia (451) –‘¡Pedro ha hablado por boca de León!’

Permanencia del Primado

La Iglesia considera como dogma indiscutible que la autoridad y jerarquía de Pedro no era personal sino ministerial. Estaba en función de la Iglesia, no era una prerrogativa de la persona. Por lo tanto no podía desaparecer con la muerte del primero que la ejerció.

Decía S. Pedro Crisólogo en una carta a Eutiques: “El bienaventurado Pedro, que sigue viviendo y presidiendo en su sede episcopal, ofrece la fe verdadera a los que la buscan” (Según S. León. Ep. 25. 2). Y este mismo santo confirma: “Así como perdura para siempre lo que, en Cristo, Pedro creyó, de la misma manera perdurará para siempre lo que, en la persona de Pedro, Cristo instituyó.” (Serm. 3. 2).

la potestad del Papa es: 
De JURISDICCION: verdadero poder de gobierno que es potestad: legislativa jurídica (litigiosa) coercitiva
UNIVERSAL: se extiende a todos los pastores y fieles de la Iglesia. En materia de enseñanza y gobierno.
SUPREMA: ningún otro sujeto pose el poder en igual o mayor grado. Por esto la colectividad de todos los obispos no está encima del Papa.
PLENA: el Papa puede resolver por SI MISMO cualquier asunto que caiga dentro de la jurisdicción eclesiástica sin requerir de los obispos ni de toda la Iglesia.
ORDINARIA: va ligada con su oficio en virtud de una ordenación divina y no ha sido delegada por nadie superior en jurisdicción.
EPISCOPAL: el Papa es al mismo tiempo OBISPO UNIVERSAL de toda la Iglesia y de la diócesis de Roma.
INMEDIATA: puede ejercer sin instancia previa sobre los obispos y los fieles.

Educación sobre el Papado

  • Hay que presentarle como Obispo de Roma, Vicario de Cristo, con un singu­lar y triple ministerio (servicio más que poder): el de en­señar, de santificar y de gobernar.
  • Si se le aclama, no hay que hacerlo como si de una estrella cinematográfica o musical se tratara. Ni es un líder político mundial ni es un mito o un mago. Es un hombre humilde que se presenta en nombre de Jesús.
  • Si se le venera, no debe hacerse por un rito mágico y ni por el mimetismo de un espectáculo, sino por la persuasión de ser un enviado de Dios.
  • Si se le ama, no es por sus rasgos humanos de simpatía, cercanía, sencillez o bondad, sino por el misterio que lleva en su figura.
  • Si se le escucha, no es por ser un pensador sabio o un orador brillante, al margen de su edad, de su figura, de su raza, de su nacionalidad o de sus habilidades humanas.
  • Si se estudia su mensaje, no es por su oportunidad o su profundidad; ni sus documentos son los de cualquier Obispo para su Diócesis o de cualquier teólogo para su cátedra o su auditorio predilecto.

El Primado de Pedro para los católicos es una verdad de Fe, en la que Cristo constituyó al apóstol San Pedro como primero entre los apóstoles y como cabeza visible de toda la Iglesia, confiriéndole inmediata y personalmente el primado de jurisdicción.

La cabeza invisible de la Iglesia es Cristo glorioso, pero es Pedro quien hace las veces de Cristo en el gobierno exterior de la Iglesia militante, y es por tanto, vicario de Cristo en la tierra.

Primado significa primacía, preeminencia, prioridad. Según sea lo que se sitúa detrás de esa palabra, hay una u otra manera de entender el Primado de Pedro y del Obispo de Roma en la Iglesia.

La Iglesia entiende que Jesús quiso una Iglesia jerárquica y que en ella estableció una autoridad radical que se la confió a Pedro.

Entiende también que los sucesores de Pedro recogieron esa enorme labor ministerial por voluntad de Jesús y deben ejercerla.

El Concilio del Vaticano definió: “Si alguno dice que el Bienaventurado Pe­dro Apóstol no ha sido constituido por el Señor Jesús como príncipe y cabeza de toda la Iglesia visible o que su dignidad es sólo de honor y no de verdadera jurisdicción, es decir poseedor de una autoridad recibida del mismo Señor Jesús, sea condenado.” (Denz. 1823)

Y el Concilio Vaticano II refrendaba esta primacía diciendo: ” Porque el Pontífice Romano tiene, en virtud de su cargo y como Vicario de Cristo y Pastor de la Iglesia, potestad plena, suprema y universal sobre la Iglesia, que puede siem­pre ejercer libremente”. (Lum. Gent. 22)

Ciertamente la cabeza de la Iglesia es Cristo glorioso y resucitado. Pero la Iglesia terrena precisa también una cabeza o autoridad visible, que se encargue del gobierno. Precisamente por eso se suele llamar al Obispo de Roma, Vicario de Cristo, o representante que actúa en lugar de la verdadera autoridad, que es la de Jesús.